nicolas Spinosa - WORDS

CARTA AL PINTOR 1

"Tanto en pintura como en música y literatura, tantas veces lo que llaman abstracto me parece apenas lo figurativo de una realidad más delicada y más difícil, menos visible al ojo desnudo" Clarice Lispector.

Aquello que no aparece, que no tiene imagen designada para significarlo, lo que no se muestra, ¿cómo podemos asegurar que existe? La única prueba de su existencia es que despierta el ansia de búsqueda. ¿Dónde buscar, entonces, esa realidad compleja de la que habla Clarice, que no aparece pero está? En su propia transparencia, única zona en que se esconde lo que jamás se vio, lo que existe justamente por no haber visto aún la luz.

Más de una vez vi como buscabas arrancarle la línea al papel en blanco. No son movimientos de sospecha, tampoco de intuición. Hay una certeza irrevocable de que las formas están ahí escondidas, en su transparencia que las cobija. Refugio que cede apenas descubrís el trazo. No habría que pensar, entonces, al papel en blanco como un vacío, sino como el recipiente natural de todas las formas del universo, la vasija transparente aguardando los ojos y la mano del artista.

En este caso particular, los poemas de Alejandra Pizarnik actúan como el refugio de las formas. Como una casa de paredes construidas con material indestructible, el poema es la forma que abraza las formas y las deja vagar en su interior; movimientos que en su ir venir, arrastrando sedimentos de materia hacia rincones distantes, permite al mismo tiempo la solidez de la guarida. El papel en blanco es el silencio que Pizarnik rodea sin nombrar en sus poesías, o el que de hecho nombra pero sin convencimiento; nunca da con una denominación que la satisface. Sin esa duda, y los nuevos intentos que la duda con lleva, no habría poesía posible. Tus pinturas rebautizan ese silencio, son una de las versiones de poder decirlo, de no poder decirlo, otra cara de la imposibilidad. no podrían ser meras ilustraciones de las palabras dichas, ya que son válidas en tanto huellas del silencio. Como las muñecas, figuras atemporales y asexuadas, que intentan estar a medio camino entre lo que existe y lo que no, los poemas de Pizarnik parecen haber sobrevivido a su propia muerte. Y si bien no toda supervivencia es heroica (a veces es mera casualidad) ésta sí lo es, porque los poemas de Alejandra sobreviven para recomenzar a ser, trayendo consigo la experiencia de la muerte, la experiencia de haber estado protegidos por esos féretros-casas de sólida construcción.

Tanto los poemas de Alejandra como tus pinturas, son caminos hacia ese pasado en donde el trazo y la palabra no habían sido olvidados aún. Maneras de nombrar esa realidad oculta y delicada, ancestral. Los textos de Alejandra contienen el silencio de infinitas maneras: lo nombran, lo acechan, lo describen, intentan asirlo, contarlo, darle imágenes, y todas estas operaciones hacen que esté el silencio contenido por ausencia en la poesía.

Esa "ausencia presente" parece ser el alimento de tus obras. No casualmente aparecen las palabras en el papel, escritas-dibujadas como para documentar los intentos y darles una vuelta de tuerca más, otro marco. Si las pinturas se hicieron a partir de los poemas de Pizarnik, habría que considerar dos fuentes inconscientes de trabajo: lo antiguo (constitutivo) que late en los poemas, y la experiencia poética de Alejandra. Su experiencia es, justamente, la acumulación de intentos por decir lo indecible. Y lo antiguo que habita en la poesía no es más que, siguiendo a Benjamin, lo que permite, por su repetición, el momento presente.

Esa actualidad, esa antigüedad renovada, se presenta hoy en forma pictórica. ¿Qué mejor homenaje a un artista admirado que la novedad de su propia obra?

Florencia Fragasso Buenos, Aires. Otoño 1998

1Texto realizado por la escritora Florencia Fragasso en relación a la serie de obras A.P.

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